Capacitarse, la clave de Ana para alcanzar su sueño

Ana Esther Fisher es una joven de 23 años, tiene discapacidad intelectual y es participante en los diferentes cursos que han llevado adelante la Fundación Saraki y la SINAFOCAL. Sencilla, alegre, siempre acompañada por su madre Griselda, conversamos con ambas, se abrieron y nos comentaron sus sueños, anhelos e incluso, los desafíos que encontraron a lo largo de los años, pero siempre, con un guiño de esperanza hacía el futuro. “Me gusta estar en la Fundación, disfruté mucho los cursos, las profesoras, las materias que dimos y aprendimos, siempre estoy tratando de participar en varios (cursos), desde hace 3 años que tomo todos los que pueda”, señala al inicio de la nota. 

 

A esto, su mamá agrega que Ana trata de aprovechar al máximo lo aprendido y ponerlo en práctica en su propio proyecto. “Hizo el curso de secretariado, de emprendedurismo, ventas, y eso le ayudó a desenvolverse, perder un poco esa timidez, interactuar con las demás personas”, nos dice Griselda, a lo que Ana menciona que los cursos le animaron a emprender. “Me alentaron (las profesoras), me dieron muy buenos consejos de cómo presentar el producto, pero, sobre todo, en como tratar a los clientes, con amabilidad y atención”, subraya la joven emprendedora. 

 

La familia cuenta con un vivero en la casa, como un negocio familiar, y en el lugar, Ana también se dedica a vender sus productos, zapatillas, crocks, plantitas, peluches y hopis, dándole su mamá ya la responsabilidad de encargarse de sus ventas. “Quiero que ella se identifique a si misma, que tenga su lugar, su marca propia, eso le dará mayor entendimiento del proceso de ventas, le irá preparando para el futuro, pronto ella tendrá su propia marca”, relata orgullosa la mamá. Ana es consciente de eso, por eso no quiere dejar de capacitarte, ya que este año también estará terminando sus estudios secundarios. Me parece muy importante que los jóvenes nos sigamos capacitando, aprendiendo, eso nos dará las herramientas necesarias” refiere Ana Esther. 

 

El anhelo de Ana es justamente, seguir capacitándose para en un futuro breve, pueda trabajar con los niños. “Mi sueño es ser profesora de estimulación, trabajar con niños, tengo para ello el apoyo de toda mi familia, siento que me acompañan siempre, mi mamá y mi papá y eso me hace sentir muy bien”, cuenta con una sonrisa. “Hay dos organizaciones que le ayudan demasiado en alcanzar su sueño, que es también el mío, el colegio Máximo Arellano y la Fundación Saraki, donde están con ella, en su crecimiento, no importa su error, sino su participación, y eso a ella le dio confianza para hacer muchas cosas”, señala la mamá, también con emoción. “Tiene más de 20 títulos de cursos, acá (en la Fundación) ella aprendió todo lo que sabe, y vemos que le interesa, avanza, se esfuerza, por eso es por lo que deseamos tanto que alcance su meta”.  

 

Sin embargo, hubo, como nos comenta Griselda, muchos desafíos en el camino, sobre todo con profesoras de otras instituciones previas, que no estaban preparadas para trabajar con Ana Esther. “Fue difícil, porque no lográbamos la estimulación que buscamos y deseábamos para ella, hasta que llegamos a la Fundación y al colegio (Máximo Arellano), los cursos, conocer mucha gente, le ayudó a crecer, y a mí también, eso nos fortaleció y tuvimos la fuerza necesaria para seguir con ella en este proceso, y ahora vemos los resultados” reflexiona la mamá. 

 

Agrega, que los cursos son muy importantes, los jóvenes aprenden, hacen amistad, y sobre todo valora la paciencia, amor y tolerancia de las profesoras, algo que no se ve en otras instituciones. “Cada alumno viene de un lugar y una realidad diferente, y con personas capacitadas se puede trabajar esos aspectos, eso da “ala” a los chicos para desarrollar sus capacidades, en el caso de Ana, ella aprovechó al máximo, incluso los cursos a distancia, que supuso todo un cambio”, refiere Griselda. Ambas, madre e hija desean que esos momentos de integración, o jornadas donde los jóvenes confraternizaban y se conocían puedan volver en breve, una vez que la pandemia lo permita, pues consideran que son esos espacios donde entre todos se ayudan, crecen y se fortalecen. 

 

Por último, Ana expresa, de vuelta, con emoción su anhelo, a lo que Griselda asienta con confianza, de que lo alcanzará. “Va a lograr su meta, porque ella lo desea tanto, tener esa oportunidad de trabajar con niños, y estoy segura de que cuando se dé, no va desaprovechar la oportunidad”, finaliza.