Qué necesitan las escuelas para caminar hacia la inclusión

  • Apr 30, 2019

    Desde el 2013 con la promulgación de la Ley Nº 5136/13 de Educación Inclusiva el Paraguay se suma a la tarea de transformar el sistema educativo en un espacio desde el cual todas las personas aprendan y participen sin discriminación alguna. Pero la realidad nos muestra que para las personas con discapacidad, el acceso y la participación en las escuelas de su comunidad sigue siendo un enorme desafío: menos del 30% de los niños y niñas con discapacidad están matriculados en el sistema educativo nacional, y de estos la mayoría en sistemas educativos segregados. Nadie sabe dónde está el 70% restante.

    La ley 5.136 establece que el 100% de los niños con discapacidad deben estar matriculados en el sistema educativo nacional.

    Según estudios, investigaciones y experiencias de trabajo, la educación inclusiva implica un cambio en la mirada y actitud de la comunidad educativa ante la diversidad. Este cambio de mirada, necesario para avanzar hacia la inclusión, se basa en eliminar el sistema binario normalidad/diversidad por el que nos regimos: o eres normal o no lo eres y te pongo una etiqueta que habitualmente conlleva bajas expectativas. Hablar de una visión humanista de la educación es hablar de capacidades, de fortalezas, con propuestas que pongan siempre en el centro de la intervención a la persona; es basarse en un modelo de calidad de vida y de apoyos, en un enfoque centrado en los derechos humanos. ¿qué hacemos? Revolucionemos este modelo, es el momento de pasar a la acción.

    Se proponen entonces 5 pasos valientes para avanzar hacia el cambio:

    • Contribuir a eliminar la segregación de los informes excluyentes que centran la intervención exclusivamente en el alumnado, con pruebas descontextualizadas que miden aspectos que no tienen en cuenta el modelo social de la discapacidad. Informes que enumeran las dificultades del niño, de la niña, de la persona, para justificar una respuesta segregadora.
    • No cuestionar a la persona, no centrarme en su déficit, sino en entender las interacciones y transformarlas para pueda ser ella misma y estar presente ,participando y obteniendo logros en su contexto natural.
    • Cambiar el lenguaje del “tiene dificultad“, “le cuesta“, “incapacidad para“, por el lenguaje de “es capaz de“, “tiene potencial para“, con una mirada puesta siempre en la capacidad y en las fortalezas.
    • Transformar los contextos discapacitantes en oportunidades de aprendizaje para todo el alumnado, con prácticas inclusivas y modelos organizativos que garanticen una educación inclusiva, equitativa y de calidad, así como la participación plena de todos, asegurando la justicia social.
    • Cuestionarme el rol técnico de experta etiquetadora y pasar a ser asesora pedagógica para la inclusión, que acompañe en la transformación de los centros como explico en el papel de la orientación en la inclusión.

    Hoy, cuando las escuelas están ya iniciando las clases, matriculando alumnos y arrancando un nuevo año escolar, nos planteamos si se están también preparando para recibir a todos los alumnos sin discriminación, y planteamos el desafío de cambiar de mirada y reconocer que la inclusión no puede ser un favor o una cuestión de caridad, sino  que es hoy en día requisito para la calidad educativa y todo el sistema debe ir enriqueciendo sus estrategias a fin de responder a un derecho humano fundamental como lo es la educación para todos y todas.