Síndrome de Down, ¿niños eternos?

  • Oct 9, 2018

    Escrito por Adriana Bueno

    Área de Educación Inclusiva

    Si uno se pregunta qué se entiende por la palabra “autonomía” en relación a personas con Síndrome de Down (persona con discapacidad Intelectual),las respuestas pueden ser múltiples: desde la persona que entiende que ser autónomo es realizar las actividades de la vida diaria por una misma; o el que piensa que se refiere a tener unas habilidades sociales que ayuden a desenvolverse de manera apropiada en la sociedad; hasta el que va más allá y entiende que no sólo es esto, sino que también es importante ayudar a mejorar las “potencialidades de pensamiento, la educación emocional y los valores morales” (Sánchez, 2011).

    ¿Por qué las personas que no tenemos discapacidad intelectual podemos ir más allá de aprender las habilidades sociales y llevar a cabo las actividades básicas de la vida diaria y las personas con discapacidad intelectual no pueden? ¿Les estamos privando de un derecho fundamental?

    Lamentablemente, a los niños en general, se les ha negado la autonomía en las cosas simples de la vida. Educamos tomando como adultos decisiones que les competen como niños.  Y en relación a las personas con discapacidad intelectual, se les ha negado toda la vida el derecho a decidir. Se les trata como a niños eternos, donde los otros deben decidir por ellos hasta en las situaciones más sencillas.

    El derecho a pensar, a sentir y a decidir lo que está bien o mal, es fundamental para alcanzar la felicidad.Despertar la conciencias de las personas con discapacidad intelectual, hacerles partícipes de su propio proceso de desarrollo personal, de la plena realización de todos y cada uno de sus derechos que no son otros, que los derechos que tenemos el resto de personas.

    Se trata de defender una visión de la autonomía desde un enfoque de derechos. Autonomía como derecho conlleva no vincular la existencia o no de ésta a la existencia o no de recursos, ya que es una “cuestión de derechos”. Es algo intrínseco a la condición de persona. Todos, por el hecho de ser persona, tenemos el derecho a ser autónomos, a tomar decisiones o a elegir, entre otros.

    Esta perspectiva de los derechos en relación a la discapacidad es reciente. Hasta hace relativamente poco tiempo, cuando pensábamos en las personas con discapacidad, pensábamos en personas dependientes que no podían llevar una vida autónoma y autosuficiente. Como señala Palacios (2008) “hasta tiempos no muy lejanos, la mirada hacia la discapacidad partía desde una concepción caritativa, que no llegaba a comprender la complejidad social de este fenómeno”.

    La clave para conseguir una sociedad inclusiva está en valorar y respetar la diferencia. Las personas con discapacidad pueden aportar a la sociedad en igual medida que el resto de personas —sin discapacidad—, pero siempre desde la valoración y el respeto de la diferencia. (Palacios, 2008).